Profundicemos en la Gestión activa

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Así llegamos a la gestión activa. En este caso, el fondo no intenta replicar un índice sino batirlo.

Ahora lo importante no es dónde se invierte, sino con qué principios y estrategias se aborda la inversión.

Los fondos de gestión activa definen el ámbito geográfico y clases de activos (sectores, tipos de compañías, etc.) en las que limitan su acción.

Generalmente, y de forma adicional a los fondos de gestión pasiva, también suelen definir los principios y filosofía de inversión que definirá sus decisiones futuras.

El inversor, en este caso, puede decidir tomar un fondo de Renta Variable Europa de gestión activa, que invierta en todo tipo de compañías europeas, pero dentro de esta categoría que en gestión pasiva se reduzca a ETF que replican el EUROSTOXX50.

En el caso de fondos de gestión activa cada gestor puede seguir estrategias distintas para tratar de batir al índice.

Estrategias de inversión en gestión activa

Algunos gestores se centran en comprar a importantes descuentos, aprovechando la volatilidad en los mercados. Otros, en el análisis de compañías en crecimiento, o en compañías con alto potencial por la singularidad de sus negocios. Además de distintas combinaciones de todo lo anterior. Aquí para gustos los colores.

Con el tiempo, se han ido creando diferentes grandes escuelas de inversión. De forma similar a lo que sucede en economía.

La gestión activa parte de la base de que es posible batir al índice en el largo plazo.

No únicamente a nivel de rentabilidad, sino también con otras métricas. Por ejemplo, tener una menor volatilidad. O bien intentar obtener la misma rentabilidad que los índices de referencia, con menor exposición.

Ante todo, se trata de una inversión consciente. Donde los fondos del partícipe se invierten en base a una filosofía (que puede incluir criterios éticos, de solvencia, de crecimiento, de ROIC, etc.). Y no de manera ciega, replicando lo que fije el índice con independencia de los fundamentales del negocio.

Esta última es, para mí, la distinción más importante.

Generalmente, la inversión pasiva se asocia a estrategias de inversión “top-down”, donde la clave es la diversificación por tipo de activo. Mientras que la gestión activa es siempre un proceso de “bottom-up” o “stock picking” (selección de compañías).

De nuevo, esto lo trato en general. Ya que, constantemente, el mercado está desarrollando nuevos productos y estrategias y los gestores nuevas maneras de diversificar y apuntalar una cartera de inversión.

Es por ello que la etiqueta activa y pasiva es cada vez menos relevante. En el sentido de que, simplemente, se trata de dos instrumentos diferentes, generalmente complementarios.

Lo realmente relevante es que el precio que se cobra por ellos esté acorde con las tareas de gestión que realmente suponen.

Al final, para el inversor, lo verdaderamente importante es:

  1. Saber definir una cartera de inversión que se ajuste a sus objetivos y perfil de riesgo.
  2. Que tenga un coste en términos de comisiones lo más competitivo posible.
  3. Dado esto, pueden coexistir elementos de gestión pasiva con fondos de gestión discrecional.

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Luís Torras, Certificación EFPA European Investment Practitioner (EIP)
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