Nuevas tecnologías, viejos patrones: Cómo adaptarse al cambio tecnológico

Debido a la creciente aplicación de las nuevas tecnologías, las grandes corporaciones tienen que interiorizar más que nunca el viejo dicho: “renovarse o morir”.

Aunque en algunos casos podemos afirmar que, por querer implantarlo de forma acelerada, estas corporaciones tienen que pensar que van a morir en la orilla después de haber nadado tan rápido.

No se trata de una predicción. Está ocurriendo hoy mismo que, en la carrera de ser pioneros, unos se están poniendo la zancadilla a otros. Incluso algunos se están tropezando con sus propios pies.

Estos atropellamientos son debidos a que la adaptación de este nuevo estilo de vida y de trabajo requiere de nuevos patrones. Sin embargo, se siguen implantando modelos ya obsoletos en un proceso de cambio continuado.

Cómo adaptarse a las nuevas tecnologías siendo una empresa

Para adaptarse a las nuevas tecnologías, es necesaria una renovación desde dentro de las empresas para que al cliente realmente le llegue la frescura del producto. Si no, éste seguirá teniendo la apreciación de recibir una “tecnología apolillada” por mucho que sea la mayor innovación del siglo (o mejor dicho, del mes).

 

El cambio tecnológico avanza a pasos agigantados. Tan velozmente, que no somos capaces de adaptar nuestra mente a todo. Por ello mismo, como empresa, tenemos que poner la vista en el horizonte y dejar de fijarnos en lo que tenemos delante de nuestra visión primaria.

Porque en muchas ocasiones sólo encontramos un muro. O a nuestro adversario corriendo con unas zapatillas más modernas y brillantes que las nuestras.

Pasos para incorporar las nuevas tecnologías creando valor interno en la empresa

 

  1. Las mayores organizaciones de nuestro país tienen que tirar del talento interno para renovar esas ideas anticuadas sobre lo que el cliente de hoy necesita, y especialmente, lo que el cliente de mañana necesitará. Renovarse o morir, poner la vista en el horizonte… Y sobre todo, no tropezarse con los propios pies.
  2. Deben explotar ese valor interno que todas las empresas tienen y conseguir que estas personas lleven la voz cantante. Desterrar los objetivos cortoplacistas y trabajar la incentivación de una idea mayor, más grande, como es que el futuro ha muerto, larga vida al futuro.
  3. Esto se consigue de una manera fácil: solicitando feedback de las plantillas. Aquellas personas que están directamente en contacto con los clientes. Quienes tienen sus pies en la calle y que a parte de vendedores son consumidores. Y con esta colaboración, con este baño de ideas, elaborar los productos y marketing. Y con esta base, dejar totalmente de lado las ideas tomadas en viejos sillones de cuero marrón.

Con este cambio se consiguen dos cosas fundamentales: que los empleados se sientan valorados y parte activa de la empresa. Lo que se traduce inmediatamente en clientes satisfechos. ¿Quién vende más, alguien feliz o alguien triste? Hay que hacerse la pregunta, la respuesta viene sola.

La comunidad es valor, y la cultura corporativa se está perdiendo. Reciclémosla y serán las zapatillas más brillantes de la carrera.

 

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Lorena Fernández Sánchez

Asociada EFPA – Certificación European Financial Advisor (EFA)

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